La relatividad del tiempo

Escrito por Almudena

“Lo quiero ya.” “Esto va muy lento.” “¿No podrías tenerlo antes?” “No podrías hacerlo más rápido?” “Mi niño ya anda, ¿y el tuyo?”. Vivimos en un mundo en el que el tiempo corre rápido. Si una página en internet no se carga en dos segundos, nos empezamos a poner nerviosos, si un niño comienza a leer más tarde que otro empezamos a pensar que tiene algún problema,…

No hemos terminado de hacer una cosa y ya estamos pensando en la siguiente. Y como consecuencia de todo esto entramos en una espiral del hacer cosas sin parar. Hay que ser eficaz, eficiente y rápido, si no estás fuera del sistema. Y en este mundo de la eficacia y del correr terminamos sintiéndonos perdidos y frustrados, porque nos convertimos en burros persiguiendo una zanahoria que nunca alcanzamos.

Corremos y corremos, sin saber hacia dónde vamos. Pero, ¿qué es eso que queremos alcanzar? Te lo dejo a  ti para que te respondas.

Para mí es un reto pararme y darme cuenta de mi propio ritmo, sin compararme y sin castigarme por ello. Un ritmo que no es mejor ni peor, el mío. Y hay cosas que me pueden llevar más tiempo en conseguir que a otros, y otras menos, pero que es mi camino y no el de otro el que debo andar. Ese día dejé de sufrir por no tener lo que tienen otros, sabiendo que estoy en el camino de alcanzar lo que deseo, que es mi propio aprendizaje, mi propio proceso el que debo vivir.

Otra de las cosas de las que me he dado cuenta es que las cosas bellas requieren de tiempo: un bebé tarda nueve meses en formarse; para recoger una flor es necesario que llegue la primavera; para ver las perseidas hay que esperar hasta agosto y que se haga de noche… darte el tiempo y reunir el valor para mirar a los ojos a una persona y decirlo todo sin una sola palabra, lleva su tiempo.

Y al mismo tiempo  tengo la sensación de que queremos enlatar esas experiencias, y esas sensaciones, y confinarlas en un horario: de ocho a ocho y media la puesta de sol, después cena, después mirar las estrellas… Y no nos damos tiempo a nosotros mismos para encontrar ese lugar dentro de nosotros mismos donde surge la belleza de la vida, la belleza que hay en cada instante.

Y para eso solo hay que pararse un momento, para nuestra cabeza por un momento y mirar a nuestro alrededor y jugar a descubrir todas las cosas bellas que hay, las personas tan maravillosas que se cruzan cada día en nuestra vida, la suerte que tenemos de segur respirando. Solo un momento, un momento que se convierte en el spa de nuestra mente. Y es por eso que te invito a buscar un ratito al día (mientras conduces, vas en el metro, esperas en el supermercado) y fijarte en todas las cosas que te rodean y descubrir, como un juego, las cosas bonitas de al vida y sentirte agradecido por ellas.

Y sí, también que hay que fijarse metas y hacer cosas para conseguirlas, pero sin olvidar un componente fundamental: sin olvidar quién eres tú y que no tienes que ir a ningún sitio, que no hay prisa, porque ya estás en el lugar en el que tienes que estar. Solo hace falta que respires y disfrutes de aquello que estás viviendo.

Entonces, el tiempo se detendrá. Porque, como decía Einstein, no hay nada más relativo que el tiempo.

Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos. (Proverbio escocés)

 

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