Serenidad a través de Mindfulness

Una de las palabras más repetidas en los comentarios y los feedbacks más repetidos entre los alumnos de mis cursos después del programa de ocho semanas de Mindfulness (MBCT) es serenidad. Y es que después de tan solo ocho semanas posiblemente no haya cambiado mucho de su vida, pero sí su manera de estar y enfrentarse a la vida.
Y es que a través de la meditación y los ejercicios de Mindfulness (que van más allá de la meditación tal y como normalmente se entiende) se va integrando un estado de
no reactividad y de autoobservación, de metaconocimiento de uno mismo. Esto permite generar espacios de calma y de toma de decisiones desde una perspectiva más amplia

Es decir, después de llevar un tiempo practicando Mindfulness, no nos vemos secuestrados por el cerebro reptiliano, que corresponde a la parte más primitiva de nuestros cerebro y es el que se pone en marcha en situaciones de crisis, de mucho estrés y que nos hace responder de manera alocada o reactiva ante los acontecimientos de la vida. Desde un punto de vista neurológico, este cambio en la forma de responder, se debe al hecho de que  comienzan a formarse nuevas conexiones y nuevos surcos cerebrales y se activa el neocortex, la parte del cerebro del hombre más desarrollada, y que es la encargada de la toma de decisiones.

Un ejemplo de este cambio en la manera de comportarse, lo ponía una de las participantes en uno de mis cursos, que comentaba como ella (antes de comenzar el curso) solía llegar al trabajo después de haber pasado media hora en un atasco tremendo, con un humor de perros y habiendo insultado desde su coche a la mitad de los coches y conductores de la autopista. Después de un “darse cuenta” de este modo de actuar y cómo esto solo le llevaba a empezar el día desde la crispación comenzó a enfocar estos tiempos de atasco de una manera más desarrollativa (como decimos en DBM) y comenzó a disfrutar de un tiempo para ella misma, para escuchar su música favorita sin que nadie la molestara. El resultado es que sus días, desde ese momento, tuvieron un comienzo diferente.

En ocasiones se confunde la calma con la relajación física, y en este sentido me gustaría aclarar que Mindfulness puede llevar a la relajación, a la relajación física, pero esto no es lo que se busca a través de este tipo de entrenamiento. De hecho, en ocasiones, cuando se inicia la práctica de Mindfulness (y también cuando lleva ya un tiempo meditando) las personas pueden activarse y se ponen en marcha sistemas de alerta, lo cual está muy alejado de la relajación. Pero también es cierto, que pasado esos momentos de agitación, nuestra mente y nuestro cuerpo, pueden encontrar un camino para funcionar de manera más tranquila.

Mindfulness o Atención plena es una herramienta de autoconocimiento y desarrollo personal, y que pasa por el aprendizaje de uno mismo. Si no hay aprendizaje, no es Mindfulness. ¿Qué me pasa en este momento? ¿Cómo me encuentro? ¿Qué ideas o pensamientos pasan por mi cabeza? Estas son algunas de las preguntas que se trata de responder mediante la práctica de Mindfulness. Y cuando ponemos la atención en nosotros mismos, en aquello que nos está ocurriendo; aquello que nos preocupa deja de tener tanta fuerza y podemos llegar a momentos de calma, de un reencuentro con la esencia de cada uno.

Utilizando una metáfora es como bucear en el océano, en el océano de uno mismo. Cuando comienzas a sumergirte y estas en la superficie, puedes verte movido por la olas que van y que vienen, pero según te vas sumergiendo más y más las aguas se van calmando, y es entonces cuando aparece la tranquilidad. Esto puede suponer todo un reto, porque sumergirse en uno mismo implica el valor para enfrentarse a nuestros propios miedos y a la incertidumbre de no saber qué vamos a encontrar, o a aquello que de alguna forma ya sabemos y que llevamos tiempo evitando. Sin embargo, una vez que comenzamos la inmersión podemos darnos cuenta de que esos fantasmas con los que vivimos no son tan grandes ni tan oscuros como creíamos, y al darnos cuenta de esto, podemos encontrar espacios de paz en nosotros mismos, sin tener que ir a buscarlos a ningún sitio fuera de nosotros.

¿Practicamos?

Para comenzar a practicar, te invito a que busques un sitio en un parque o en el campo donde puedas sentarte a estar , sin “hacer nada”, tranquilo, y comienza centrar tu atención en cómo estás respirando, cómo cambia tu respiración en cada momento. Y después de un rato te invito a que lleves tu atención a algún árbol o alguna planta/o flor que puedas observar desde donde estes sentado. Y comiences a mirar los distintos matices de colores: distintos tonos de verde, amarillos, ocres…

Y simplemente haz esto, notando si tu atención se distrae con alguna idea o alguna preocupación. Si la mente se distrae, toma nota de ello y con calma retoma la observación del árbol o la planta que hayas elegido.

Puedes hacer esto durante durante 10 minutos, y nota si algo ha cambiado antes y después del ejercicio.

Y más allá de estos momentos puntuales de calma y de serenidad, la práctica regular de Mindfulness también nos aporta una visión más serena y sosegada a la hora de movernos en nuestro día a día que nos permite convivir mejor con nosotros mismos y con la vida. ¿Te animas a practicar?