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Hace unos días hablaba con una amigo sobre ser responsable y qué significaba esto. Y me dio que pensar, así que recurrí a mirarlo con ojos de DBM (Modelado Conductal Desarrollativo) para poder responderme y responder a lo que esto significa para mí: ¿qué es esto de la responsabilidad? ¿qué implica? ¿cómo se hace la responsabilidad? ¿cuáles son los ingredientes de la responsabilidad? ¿Para qué ser responsable? 

¿Qué es la responsabilidad?

Si nos centramos en la palabra responsabilidad en sí misma, responsabilidad implica “responder con habilidad”, dar respuesta a lo que se nos presenta en la vida con los recursos que tenemos para así solucionar o dar respuesta de la mejor manera posible a las cuestiones que se nos presenten.

Es por ello que en algunas empresas se designa a una personas con el cargo de “Responsable de compras” “Responsable de comunicación”… Y se espera que estas personas sean capaces de resolver de la mejor manera posible los retos que se les adjudican. Pero, ¿pero esto quiere decir que las personas que no tienen esa denominación sean menos responsables? Entiendo que no, puesto que todos deberíamos dar siempre la mejor respuesta, más allá de lo que implique un nombre. 

La responsabilidad, la capacidad de responder de manera habilidosa ante una situación, va más allá del cargo, puesto que todos podemos y debemos responder de la mejor manera posible. Así que, a priori, todos deberíamos ser responsables de lo que hacemos.

 

 

Ingredientes de la responsabilidad o cómo hacer la responsabilidad

Por otro lado, hay quien dice, como mi amigo, que no quiere tener más responsabilidades… Y aquí aparece otro ingrediente de la responsabilidad, y creo que es fundamental, que es la libertad. ¿La responsabilidad es otorgada o elegida? ¿Qué ocurre cuando alguien te otorga “una responsabilidad” en contra de tus deseos? Me pregunto entonces si realmente esto es una responsabilidad o una carga. La responsabilidad va unida a la libertad de elección. 

Cuando no elegimos hacernos cargo de algo, ¿realmente somos responsables de esto? ¿cómo serán las respuestas que yo dé a aquello que no he elegido? Así aparecen personas que supuestamente debieran ser responsables, pero que no lo son en la práctica. Padres que no han elegido ser padres, tíos que no eligen o no quieren ser tíos, “responsables de compras” que no quieren ser responsables… Más allá de que las palabras lleven asociadas la idea de responsabilidad la responsabilidad debe ser intrínseca, elegida por uno.

Y puede que en ocasiones hayamos asumido responsabilidades de manera inconsciente, pero seguramente esas responsabilidades no lo sean realmente, sino que son cargas que funcionan están funcionando de manera inconsciente. 

Y al mismo tiempo puede haber otras que asumas sin saberlo y realmente las hagas con agrado y supongan un plus en tu vida. En la conversación que tuve con mi amigo, él me planteaba  que si yo no era responsable de mi sobrino, de mi padres, de mis amigos… Lo primero que me vino a la cabeza es que yo no era responsable de mi sobrino que para eso estaban sus padres…

Y sin embargo esto no es cierto, tan siquiera me había parado a pensarlo. La verdad es que desde el momento en que nació de alguna forma elegí amarlo y cuidarlo, fue una elección más allá de la consciencia. Dentro de mi forma de entender la vida, de mis valores, de mi manera de entender la relación tía-sobrino (sobrinos) no hay otra opción: elijo amarlo, educarlo desde mi posición de tía y darle lo mejor que pueda para que se convierta en aquello que quiera ser. Y lo mismo puedo decir de las relaciones con mis amigos, con mis padres, con mi familia y de todas las personas que quiero. No hice una elección consciente, pero de alguna manera elegí.

Así que para que una responsabilidad sea realmente tal, debe ser una elección interna, consciente e inconsciente. Cuando la elección no es de uno, que es impuesta de manera  externa, entonces hablaremos de carga.

¿Para qué ser responsables?

Como comentaba antes, ser responsables implica dar una respuesta habilidosa, así que desde este punto de vista creo que todos deberíamos ser responsables de nuestro hacer, de nuestras palabras…

Y más allá de eso, tomar conciencia de tus responsabilidades, sean las que sean, te abre la puerta de la libertad, a decidir en qué te quieres realmente involucran y así poder coger el timón de tu vida, y navegar desde la consciencia por los mares que te permitan vivir tu vida plenamente. ¿Te atreves?

Dedicado a mi amigo, un espíritu libre. Gracias por hacerme reflexionar.

Hoy quiero aprovechar mi blog para presentaros a una de esas personas que convierten una dificultad en un reto y que a través de ello consiguen dar sentido a su vida y  a la vida de la gente que la rodea. Carmen, presidenta de la asociación “Apadrina una neurona”, es de esas personas que han apostado por vivir, por vivir plenamente, y ya me mi blog trata de cambios, cambios personales, profesionales, vitales… quería presentaros a una de esas personas que inspiran.

Y no voy a seguir hablando más de ella, os la voy a presentar, a ella y a su asociación a través de esta pequeña entrevista que muestra un poco de esa fuerza vital que tiene. Espero que os guste.

Nombre: Carmen Nevado Rey.

Carmen, háblanos un poquito sobre ti. ¿Qué es lo que te inspira en la vida? ¿Cuál es tu mayor ilusión? ¿Podrías nombrar a un héroe?

Me inspira una puesta de sol, el olor del pan recién hecho, el tañir de una campana, las rugosidades de una piedra, el sabor amargo de la granada…

Hay muchos heroes anónimos que están luchando por un mundo mejor, son maestros, que nos dan lecciones de vida. Para mí algunos de esos héroes anónimos son las personas con discapacidad, tienen mucho que aportarnos: su coraje, su lucha, sus ganas de vivir,… así nos lo muestran. Son admirables.

“Apadrina una neurona” surgió para ayudar a tu hijo, que sufre parálisis cerebral. Creo que para un padre que te digan que tu hijo tiene un problema de salud puede ser una de las cosas más difíciles de afrontar. ¿Podrías compartir qué sentiste cuándo te dieron la noticia? ¿Cuáles fueron tus primeros sentimientos?

Mi hijo se debatía entre la vida y la muerte, recuerdo una conversación que tuve con él. Me conecté con el amor puro y verdadero. Es un momento duro, cuando no sabes si tu hijo elegirá vivir o morir. Eligió vivir y aquí estoy acompañándole en el camino hacia sus sueños.

Le doy las gracias a mi hijo por elegir la VIDA. En el momento que conecté con el amor puro, mis alas empezaron a desplegarse y conecte con mi esencia.

Quiero gritarle al mundo entero, que mi hijo es diferente, pero siente igual que cualquier otra persona. Me siento libre para poder disfrutar las cosas únicas y especiales que me regala mi hijo Alex. LE DOY LAS GRACIAS POR ELLO.

Y después, ¿qué te ayudó a seguir adelante?
Confie en la vida. Sentí que era mi mision de vida y me pregunte para qué???? Y aquí estoy.

Yo personalmente no soy muy amiga de los consejos, pero te voy a pedir uno a ti. Si pudieras dar una consejo o una recomendación a los padres que acaban de recibir una noticia de este tipo, ¿qué les dirías?

Que confien en su hijo, en la vida, en ellos mismos.

Te conozco desde hace muy poco y sin embargo me parece que eres una persona con mucha fuerza. Pusiste en marcha “Apadrina una neurona”, ¿cuál es el objetivo de Apadrina? ¿Y en qué se diferencia de otras asociaciones?

Queremos dar voz a los invisibles, a los silenciados, a los olvidados, a los diferentes… Queremos sensibilizar, educar, mostrar… sin dar pena, acompañando en las diferentes capacidades, con optimismo y de manera positiva.

Este fin de semana (16 de Diciembre de 2017) habéis organizado un evento llamado “Serendipia”, ¿en qué consiste? ¿ Y cuál es el objetivo?

El objetivo es apadrinar un columpio adaptado para nuestros niños de almas especiales. Nuestro proyecto “columpios+adaptados=columpiados”.

Queremos mostrar también diferentes proyectos solidarios que hemos conocido durante nuestro camino. Un mundo mejor es posible, más justo, más solidario… hay personas que ya estan sembrando esa semilla.

¿Qué les dirías a la persona que está leyendo esto para invitarle a venir a Serendipia?

Que están invitados a sentir, a disfrutar, a dejarse llevar… Cuando algo inesperado llega a tu vida, deja que la magia suceda.

Y para terminar, ¿qué lema guiarán tus pasos el próximo año?
SENTIR , SENTIR Y SENTIR

 

Y aquí os dejo el enlace de la asociación para que podáis descubrir más de este proyecto lleno de sueños y lleno de vida: www.apadrinaunaneurona.org

¿Cuánta gente no está conectada a Facebook, Twitter o Instagram? Son rara avis los que se resisten a no pertenecer a alguna de estas redes sociales. Y sin embargo, cada día crece más el sentimiento de soledad, de estar desconectados del mundo y de nosotros mismos.

En la sociedad de la inmediatez, los amigos se hacen a golpe de clic. ¿Cuántos amigos tienes en tu Facebook? Pues yo más, solo es cuestión de un par de clics. Y la cuestión profunda de la relación se ha dejado a un lado. Requiere tiempo eso de sentarse frente a un amigo, con un café de por medio (o una cerveza, que también vale), y hablar de uno mismo, de cómo te sientes, de lo que te preocupa…o simplemente compartir un rato de risas. Requiere tiempo, un bien aparentemente escaso en esta sociedad en la que vamos corriendo a todos los sitios. Hay que hacer mil cosas importantes.

Compartir con un amigo (o con tu pareja) requiere intimidad, eso que da tanto miedo y que muchas veces evitamos. Eso que, como un buen guiso, requiere tiempo. No es posible fraguar una amistad profunda a golpe de clic. Una amistad, de esas de verdad, necesita de momentos compartidos, de mirarse a lo ojos, de abrazos, de reír juntos, de llorar juntos… De mostrar la vulnerabilidad de cada uno y aceptar la grandeza de nuestras limitaciones y las limitaciones del otro; siempre con una mirada de Amor y comprensión. Y eso no se hace a golpe de clic.

En un mundo donde las “redes sociales” nos acompañan las veinticuatro horas del día, es en estos momentos donde la soledad más profunda impera en el corazón de la gente. Esperamos los “likes” en nuestras publicaciones como tabla de salvación frente a esa soledad, sin darnos cuenta de que eso es solo un espejismo y que cada clic nos hace estar más separados de nosotros mismos.

Cada uno de esos “likes” hace que nuestros niveles de dopamina, oxitocina… y demás hormonas se disparan. Sin embargo, cada uno de esos “likes”, no proporcionan experiencias significativas de conexión, y después del “subidón” volvemos al punto de partida; y de nuevo publicamos y volvemos a esperar “likes”. Y esto no es muy diferente al yonky que espera cada día su droga. Nos hemos convertidos en yonkis de los “Me gusta”.

Esto no quiere decir que estas redes sociales no aporten un valor. Las redes sociales nos permiten compartir gran cantidad de información, compartir nuestro trabajo, nuestras inquietudes,recuperar amistades perdidas o estar en contacto con gente que vive lejos. Pero esto no es a lo que me refiero cuando hablo de las redes sociales. Me refiero a que las hemos convertido en un sustituto, en un mal sustituto de las relaciones reales y que sirven de tapadera a un gran vacío existencial.

Esto nos está llevando a mantener relaciones superficiales, como las que podemos hacer a través de estas “redes sociales”, relaciones que no pueden llenar nuestra experiencia humana. Porque somos mucho más que un “Like”.

Hace un año, me robaron el móvil, y estuve cuatro días sin “conexión”; y fue toda una experiencia. Al principio, debo confesar que hasta lo pasé mal, pero al segundo día me sentía más ligera, con menos cosas en la cabeza…menos ruido. Y como decía antes, no es cuestión de demonizar a las redes sociales, más bien consiste en saber utilizarlas para lo que son y no como sustitutos de las personas. Que en mi cuenta tenga mil llamados “amigos”, no quiere decir que con todos ellos establezca una relación de amistad, si me creo esto, entonces empiezo a tener problemas…

¿Cuántos problemas de depresión y soledad se solucionarían si dejamos el móvil a un lado y buscamos encuentros reales con las personas? ¿Si la mitad del tiempo que invertimos en dar a “Likes” lo dedicamos a compartirlo con personas reales de carne y hueso?

Así que te invito a dedicarle más tiempo a las personas reales y construir a fuego lento relaciones significativas. Porque, sabes… hay vida más allá de las “redes sociales”.

Durante la adolescencia nos convertimos en individuos extremadamente gregarios. No podemos hacer nada sin la aprobación, explícita o no, del grupo. En caso contrario nos sentiremos desprotegidos, a la intemperie de la sociedad, y esto a cierto nivel es sinónimo de muerte.

Cuando nacemos somos individuos totalmente dependientes. A diferencia de otros mamíferos, nosotros no somos capaces de comenzar a andar hasta el año o año y medio. Si viviéramos en la selva, nuestra esperanza de vida sería de horas. Es por ello que necesitamos del otro, del grupo para sobrevivir.

Sin embargo, llegada la etapa adulta en la cual ya somos capaces de valernos (al menos físicamente) por nosotros mismos, nos damos cuenta de que necesitamos conocernos a nosotros mismos. Saber quiénes somos, qué nos gusta, qué no nos gusta,… Y todo esto es un proceso que durará hasta el día que nos muramos.

Y es, tal vez, en los momentos “malos”, en los que se abre una ventana para adentrarnos en lo más profundo de nuestro ser. Estoy casi segura que todos guardamos en nuestra historia vital recuerdos de situaciones y momentos que nos han supuesto un reto. Esas situaciones, por más que las podamos etiquetar como “malas”, se convierten en oportunidades para conocernos mejor. El dolor puede convertirse en la semilla de algo bello si somos capaces de aprender de esa circunstancia.

Ante la muerte y el dolor, encontramos el coraje para mirarnos al espejo y descubrir que somos mucho más fuertes de lo que creíamos.

Y también, cuando tenemos una pareja, es una buena oportunidad para conocernos, para descubrir cuáles son nuestros límites y trabajar para expandirlos, y crecer como personas. Las parejas están continuamente espejando lo que somos y mostrándonos los puntos donde es necesario que nos amemos más.

También están los hijos que, como digo yo muchas veces, son capaces de sacar a lo grande todo lo bueno y lo malo que somos: nuestros miedos, nuestra creatividad, nuestros límites… Son grandes maestros en cuerpecitos pequeños.

Y cuando llegas a estos momentos de madurez es un placer encontrarse con uno mismo. Darte cuenta que esos momentos, que en su día los vistes como un reto, ahora desde la distancia, te hicieron aprender que dentro de ti tienes muchos más recursos de los que podías imaginar. Y desde allí puedes volar más alto e iluminar a otros en su camino.

Si no fuera por estos momentos, nuestra vida se convertiría en un monótono suceder de los días. Sin novedades, sin retos, sin crecimiento… Y entonces comenzamos a morir poco a poco.

Y puede dar miedo encontrarnos con nosotros mismos, con nuestras luces y nuestras sombras, no vaya a ser que no seamos tan buenos como nos dijeron o no vaya a ser que descubramos que somos incluso mejores. Y ambas opciones dan miedo. ¿Porque qué haremos si descubrimos nuestro verdadero potencial? ¿Tendremos el valor para ponerlo en movimiento?

Tal vez, en ese descubrimiento, en ese momento de ponernos cara a cara frente al espejo, comencemos a amarnos y queremos, a confiar en nosotros, para después salir al mundo y brillar. ¿Te atreves?

Ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón.

Julien Green

Uno de los mayores dones del hombre, por no decir el mayor, es el de poder crear, crear vida. Cada uno de nosotros tenemos el potencial de crear vida. Y más allá de eso, tenemos la capacidad de crear la vida que nosotros queremos tener.

Y gracias a esa capacidad, el hombre a lo largo de la historia ha ido evolucionando y mejorando su vida: creando casas más confortables y seguras, ordenadores más eficaces, cultivos más eficientes… Todo ello gracias a nuestra capacidad creativa.

almudenadeandres. Creatividad

Esta capacidad que tenemos todos cuando somos pequeños y que surge de forma natural puede ser alentada por los educadores y por padres, o bien puede ser mermada por los cánones establecidos.

Cuando somos pequeños todo es posible: podemos volar a Marte en un cohete, conducir coches con la mente o construir grandes palacios para nuestros padres. Nuestra imaginación no tiene límites.

Sin embargo, con el paso del tiempo, construimos barreras a nuestros sueños, asumiendo lo que puede y lo que no puede ser. Y poco a poco, nuestra esencia creativa se adormece, se anestesia, hasta que sucumbimos a la rutina y los órdenes establecidos. Nos convertimos en lo que Michael Endel llamaba en su libro Momo, los hombres grises del tiempo.

Y es tan triste esto. Si los hermanos Wright no hubieran creído en que era posible volar, no estaríamos hoy subidos en un avión. Si a un señor no se le hubiera ocurrido ponerle ruedas a una caja, no existirían los coches… Y sin embargo, cuántos de nosotros apagamos el interruptor de nuestros sueños.

Por suerte, guardamos en cada célula de nuestro cuerpo esa esencia, esa capacidad innata para soñar y hacer realidad nuestros sueños. Solo hay que llamar a la puerta de nuestra imaginación y permitirla volar.

Como decía antes, el proceso creativo puede ser alentado y educado. Existen métodos para hacerlo, pero el primer paso para todo ello (y que veremos el taller de Creatividad que imparto) es suspender nuestros juicios y creencias, sobre lo que es posible y no lo es; para conectar con nuestra esencia creativa.

Después podemos hacer resonar en nuestro cuerpo aquello que queremos crear en nuestra vida: bien sea un proyecto material o bien un proyecto vital. Al fin y al cabo nuestro cuerpo es el vehículo a través del cual creamos y poniéndolo en movimiento seremos capaces también de poner en marcha nuestro proyecto, nuestra vida.

Si quieres volver a revivir tu esencia creativa y hacerla realidad, anímate y participa en nuestro próximo taller de Creatividad (consultar fechas). ¿Contamos contigo?

¿Qué pasa con nuestras ilusiones cuando pasa el tiempo? Parece que pierden intensidad cuando comenzamos a movernos. ¿Qué ocurre con esto? ¿Por qué nos sucede esto?

En muchas ocasiones lo que ocurre es que teníamos una idea en nuestra mente de lo que iba a ser ponerse a ello, y eso no concuerda con la realidad.

Esto es normal, nuestra mente es muy rápida (más de 35.000 pensamientos al día) y somos capaces de imaginarnos casi cualquier cosa. Así que podemos imaginar miles de opciones, que a la hora de ponerse en marcha solo se materializan en una única realidad. Y es altamente probable que la realidad no concuerde con lo que teníamos en mente, y esto nos lleva a frustrarnos. Esto nos pasa con las relaciones personales, con las dietas, con el ir al gimnasio…

Y,  ¿qué es lo que falla en nuestros pronósticos? ¿Y qué hacemos cuando la realidad no concuerda con nuestros planes?

Tal vez la cuestión radique, como comentaba en la entrada anterior,  en que lo que estamos haciendo es vivir en un mundo de ilusión mal entendida, somos unos ilusos. Así mucha gente empieza, por ejemplo, una dieta y cuando ve que esto implica modificar hábitos de comida placenteros, pero igual no saludables, comienzan un proceso de auto-convencimiento:  igual no era necesaria la dieta, que no está tan mal, que para qué tanto esfuerzo… hasta que finalmente terminan abandonando algo que en un principio algo que había empezado con aparente ilusión.

En otras ocasiones, lo que pasa es que queremos tener resultados en pocos días. Vivimos en la cultura de la inmediatez y del para mañana; y las cosas bien hechas llevan su tiempo. Hace unos años, hablando con un amigo empresario, me comentó que de todas las empresas que había tenido, las que mejor habían funcionado siempre fueron las que crecieron poco a poco. Y sin embargo, nosotros pensamos que todo tiene que ser inmediato.

Como dice Will Smith, si quieres tener una pared hay que poner un ladrillo cada día y al final tendrás la pared. Si pretendes tener una pared sin poner un ladrillo, lo que tendrás será un problema.

Pero más allá de estas explicaciones, que podrían calificarse casi de justificaciones, hay algo más profundo por lo que no realizamos nuestros sueños, y es nuestra falta de Amor hacia nosotros mismos. Porque cuando nos amamos encontramos la fuerza y el camino para lograr aquello que deseamos.

Y puede ser que abandonemos nuestros sueños, no porque no lleguen los resultados en breve, sino porque no confiamos en que podamos lograrlos. No creemos en nosotros mismos los suficiente.

Si buscas dentro de ti mismo te darás cuenta que cuando te planteas un objetivo en la vida, ese objetivo trata de cubrir una necesidad profunda:

  • Queremos estar más delgados para sentirnos más atractivos y lograr que nos miren. O igual es por motivos de salud, para poder disfrutar más de la vida…
  • O queremos aprender un nuevo idioma para relacionarnos con más gente o para conseguir un ascenso, ganar más dinero y viajar, tener más tiempo para estar con los queremos…
  • O nos apuntamos para hacer un nuevo deporte, por motivos de salud o para conocer gente nueva…

Almudena de Andrés. Escapar. Sueños. Autoestima. Amor

Al final, si analizamos cada una de nuestras elecciones todas van dirigidas a amar, en el sentido más amplio de la palabra. Pero para amar la vida y las personas que hay en ella, primero debemos comenzar por amarnos a nosotros mismos. Y es allí donde encontremos la fuerza para hacer realidad nuestros sueños.

Te has estado criticando a ti mismo años y años y no ha funcionado. Trata aprobarte a ti mismo y mira qué ocurre.

Louise L. Hay