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Aprendizaje

Ayer estaba viendo una conferencia sobre nuevos modelos educativos cuando un planteamiento me llamo la atención: Dejar que el aprendizaje ocurra”. Posiblemente esto que voy a explicar pueda ser obvio, pero es muy tentador utilizar otros recursos para enseñar y hacer uso de clases magistrales.

Cuando alguien se enfrenta a una dificultad o un problema es muy fácil darle la solución desde fuera, convirtiéndote en un “solucionador” de problemas y creando una dependencia de esa persona hacia tí. Sin embargo, este método no lleva a un aprendizaje real y profundo, a una resolución propia y real de la cuestión.

Esto es muy fácil de ver en el sistema educativo español donde se recurre a clases magistrales para meter el conocimiento en las cabezas de nuestros niños y jóvenes. Pero el resultado de esto es que el aprendizaje no es significativo, al poco tiempo estos conocimientos terminan diluyéndose. Si no haz la prueba, ¿de qué cosas te acuerdas de tu paso por el colegio? ¿Qué recuerdas de las clases magistrales dadas por tus profesores? Poco o muy poco, seguramente.

Sin duda para que una aprendizaje, tanto vital como intelectual, sea significativo tiene que tener su base en dos elementos: curiosidad y dirección.

Comenzaré hablando de la dirección, es decir, el para qué. Y este “para qué” puede plantearse a distintos niveles: objetivos inmediatos, objetivos vitales, objetivos transcendentales,… ¿Para qué estudio matemáticas? ¿Para qué necesito saberme los ríos de Europa? ¿Para qué quiero ganar más dinero? Cuando esta respuesta tiene sentido y está alineada en su nivel, con los objetivos vitales de cada uno, el aprendizaje fluirá será significativo.

El otro punto al que me quiero referir es la curiosidad. Esta curiosidad  es innata al ser humano. Si os fijáis en un niño su mirada es curiosa, y todo le asombra. Para él todo es nuevo y maravilloso; todo un descubrimiento, está sediento de aprender. La cuestión es que cuando crecemos perdemos esa curiosidad porque pensamos que  todo es lo mismo y que ya lo sabemos todo…Sin embargo hay mil formas de ver el mundo y maravillarse de cada cosa que se nos presenta en la vida.

Así que considero que dar respuesta y soluciones no es la forma de despertar esa curiosidad. Yo abogo más a hacer buenas preguntas; preguntas que lleven a nuevos cuestionamientos, a la investigación. Esas preguntas darán como resultado respuestas que realmente podremos integrar en nuestra vida y harán que el aprendizaje sea realmente significativo y útil. Y yo creo que este debiera ser el modus operanti de profesores, coaches, padres, formadores…Ser facilitadores del aprendizaje a través de buenas preguntas, porque el aprendizaje siempre sucederá hagamos lo que hagamos, pero cómo lo hagamos es otra cuestión.

Aquí os dejo el vídeo de la conferencia que ví. Habla sobre un cambio en el paradigma de la educación y del conocimiento. Con el que se puede estar de acuerdo o no, pero pone sobre la mesa buenas preguntas.

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