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Equivocarse

Últimamente he observado que hay responsables de equipos de trabajo, profesores e incluso padres que se creen en la obligación de saberlo todo o que siendo conscientes de que no saben tratan de ocultar esa falta de conocimiento o su equivocación.

Esto tiene un doble riesgo, por un lado las personas que están cerca de ellas se dan cuenta perfectamente de su error y les resta credibilidad, y consiguiendo que las personas se alejenalphabet-140054_640 de ellas. Y por otro lado, les pone en una posición de ignorancia. Si crees que lo sabes todo, ¿para qué vas a aprender algo nuevo?

No saber algo o equivocarse en algo es lo más humano que hay y te hace más real. Si reconoces que no sabes o que te has equivocado, y lo haces visible, responsabilizándote de ello,  estás dando la oportunidad a otros también a equivocarse y aprender. La otra posición hará que como tú, la gente que tengas a tu cargo, tus alumnos o tus hijos oculten su error o su ignorancia; privando al grupo o a ellos mismos de una gran oportunidad para aprender.

Esta necesidad de querer saberlo todo y de ser personas infalibles muchas veces tiene su origen en la necesidad de satisfacer a papá y a mamá, de buscar, de alguna forma, su amor: “Mira mamá saqué un 10 en un examen” y entonces mamá te felicitaba y te premiaba por ello. Pero, ¿qué ocurría cuando sacabas un 4 o un 5? No había premio. Así que había que apañárselas como fuera para demostrar lo bueno que eras, había incluso quien falseaba las notas. Y este modelo que aprendiste de pequeño es algo que aplicamos cuando somos mayores, para de alguna forma, seguir contentando a papá y a mamá.

boy-110762_640Este miedo hace que muchos profesores eviten, por ejemplo, el trabajo con recursos digitales porque se sienten torpes y creen que sus clases se van a descontrolar. Sin embargo, una nueva actitud ante esto podría ser dar espacio a sus alumnos para que se conviertan en pequeños maestros y les enseñen a ellos. Con ello se conseguirá una mayor involucración de los alumnos porque les colocarán en una posición de “ser importantes” . El profesor desde esta posición se convertirá en  guía y compañero al mismo tiempo, alguien cercano. Ahora la labor del profesor será ayudar a los alumnos a discriminar información, desarrollar capacidad crítica, clasificar la información… Y aquí ya no habrá espacio para temor a la duda y a la equivocación porque todos están aprendiendo de todos.

Cuando te das cuenta de que si te equivocas no pasa nada, que el mundo sigue girando y que el error  se convierte en una oportunidad, puedes vivir más relajado y disfrutar más de la vida. Me equivoqué, ¿y qué? No soy perfecto.